
El Tahuichi hierve, casi literalmente, como ningún otro campo de fútbol del país. Dos colores dominan las tribunas repletas “hasta la bandera”, el verde de Oriente Petrolero y el celeste de Blooming. Se juega el clásico. Nada importa, nada, ni el campeonato, ni el lugar en las posiciones de cada club, ni lo que pasó ayer ni lo que pasará mañana.
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