
El Tigre tiene alma y no se rinde nunca. Una vez más aguantó, hizo lo que tenía que hacer esperando el tropiezo de Bolívar y se alzó con una merecida décimo quinta estrella en una ríspida e histórica final en el Siles ante una Academia deslavada que apenas pudo insinuarse sobre el final con un agónico e inútil descuento de Callejón.












