
SIN ESPERANZAS
Era imposible jugar peor. El síndrome de fracaso acompaña a Bolivia. Se inició y creció después de la obtención del subcampeonato de la Copa América en 1997, que cerró el ciclo de oro abierto en 1993. Esa etapa tan positiva comenzó en 1989 y se fue consolidando al despuntar la década de los noventa. Pero eso en 2019 era historia pasada, ya muy antigua en el tiempo…
