Copa América 2011, Bolivia 1, Argentina 1. Con el espíritu del 93

Comienzo por el elogio a Quinteros. Entendió lo que había que hacer. Pensar que Argentina era rival, no “el” rival. Que Messi era un enemigo de cuidado, no “el” enemigo. Y como pregunté en el mundial ¿Dónde estuvo Messi? No estuvo. Quinteros planteó un partido entre iguales, sobre una base defensiva, pero con recursos ofensivos que se mostraron incuestionables. 

Sigo por el elogio a un equipo verde que jugó como equipo a partir de una idea fundamental, cerrar las opciones de creación de la albiceleste, trabajar ordenadamente, mostrar experiencia en la contención y –aquí la diferencia con el pasado-, jugar a ganar. Para ello optó por dos caminos, los pases largos a la olla para un Martins que merece líneas especiales y trabajar la pelota en el piso con pases de velocidad, porque Bolivia podía construir fútbol en el área argentina.

El cuadro nacional jugó un partido casi impecable, con el talento táctico suficiente y con la potencia y la fe necesarias. Quinteros pareció recordar la vieja premisa del 93: Podemos hacer un fútbol psicológicamente equilibrado y futbolísticamente inteligente.

Es difícil escoger. La defensa boliviana hizo un cuatro coherente con dos centrales de fuste en la personalidad de Raldes y Rivero y dos marcadores laterales que, a pesar de la velocidad desesperada de Argentina, no le permitieron el hilván final. Quizás haya que observar a Lorgio por su tendencia a volcarse al centro dejando abierta su ala. Pero precisamente en el centro Bolivia ahogó a Messi y sus opciones de creación, hasta anularlo. Mérito de Flores y Robles que hicieron un trabajo extraordinario de morder, atorar y salir adelante. Mérito de un Arias casi impecable, y de Jhasmany, y del Conejo que a punto estuvo de un gol de marca…

Edivaldo Rojas soñó y los sueños se le cumplieron. Un taco con dirección de arco, una Banega enredado, un Romero sorprendido y el gol de su vida hasta hoy.

Martins es, después de mucho tiempo, un delantero que además de olfato tiene fútbol, pero sobre todo tiene sentido de arrastrar marca, dominar la pelota, pelearla y ver el arco. Sí, no pudo consolidar un dos acero que Bolivia mereció por una dubitación de una fracción. No le resta un milímetro a su talento.

Bolivia ganaba y pudo ganar, mereció el triunfo de visitante frente a un conjunto de “yos” que, salvo el pecho de Burdisso y el extraordinario remate del Kun, no fue mucho más. Bolivia en cambio, sí fue más de lo que todos esperábamos. Y puede ser más en los próximos partidos.

Raldes encara a Messi. Una imagen para la historia. Bolivia jugó de igual a igual. Raldes frenó la actitud clásica y sobradora de los futbolistas argentinos representados por su máxima estrella

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